Veo poco preparados a los recién egresados del área de ingeniería

Tu título de ingeniería no garantiza empleabilidad. Y esto no es culpa exclusiva de nadie, sino resultado de un sistema que premia la teoría sobre la adaptación.
Las mallas curriculares avanzan a paso de tortuga mientras la industria corre a velocidad exponencial. Aprendes paradigmas de hace una década cuando el mercado ya migró a tres generaciones tecnológicas posteriores. La academia se aferra a contenidos estables; el mundo real exige fluidez constante.
Detrás de muchos planes de estudio hay intereses comerciales disfrazados de conveniencia académica. Licencias gratuitas definen lenguajes de programación. Alianzas corporativas sesgan ecosistemas enteros. El estudiante sale especializado en herramientas que el mercado apenas tolera, no porque sean malas, sino porque su dominio no resuelve los problemas actuales.
Pero también existe una responsabilidad individual incómoda de asumir. Muchos egresados depositan toda su identidad profesional en un pergamino, creyendo que el título es la meta y no el punto de partida. Cuando enfrentan su primera entrevista técnica real o un entorno ágil sin manuales, el desencanto los paraliza. Cinco años de esfuerzo se desmoronan porque nadie les enseñó a aprender después de graduarse.
Y no podemos ignorar la raíz de muchas decisiones vocacionales: imitar sin cuestionar. Elegir una carrera porque un familiar triunfó en ella o porque en redes sociales alguien mostró un estilo de vida atractivo. Sin pasión genuina ni curiosidad autodirigida, el esfuerzo académico se vuelve mecánico. Y la ingeniería, en cualquier disciplina, devora sin piedad a quienes la abordan como trámite.
La solución no es culpar a universidades, estudiantes o empresas. Es reconocer que la formación profesional requiere trípode: instituciones ágiles, egresados autodidactas y empresas dispuestas a invertir en talento crudo. Mientras sigamos esperando que un título resuelva lo que solo la curiosidad constante puede construir, seguiremos formando técnicos para un mundo que ya no existe.
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