Quieren que escriba código elegante jajaja
En las entrevistas técnicas me evalúan por la estética de mis algoritmos. En las reuniones se debate durante horas si una variable está nombrada con la suficiente elegancia. Me exigen arquitectura limpia, patrones de diseño y la belleza sintáctica de cada línea que compilo.
jajajaaja si yo soy un flaite en Chile, un gamín en Colombia, un villero en Argentina, un chore en Paraguay, un ñero en Ecuador, un malandro en Venezuela, un ñeri en Uruguay, un kater en Perú, un pibe de barrio en Bolivia, un bato en Costa Rica, un chavalo de barrio en Nicaragua, un patojo en Guatemala, un bicho en Puerto Rico, un tiki en República Dominicana, un ñero en México, y no sé si me escapó alguno jajaja.
La industria quiere que mi código sea una obra de arte, pero me trata como un sospechoso habitual. Soy tan indigno que cuando voy al supermercado los guardias me siguen todo el tiempo jaja y voy a estar escribiendo código elegante jaajja.
Me vigilan de cerca, me miran con recelo y me perfilan por mi apariencia, mi acento o el barrio del que vengo. No lo hacen por mi código, lo hacen por mi origen.
Esta obsesión con el código limpio se ha convertido en el mecanismo de exclusión más sofisticado que existe. Es un filtro de clase disfrazado de excelencia técnica. Las empresas no solo buscan resolver problemas complejos, buscan un perfil estético y cultural que no desafíe sus comodidades. Exigen perfección en el software mientras normalizan un entorno donde el sesgo inconsciente dicta quién es un genio de la programación y quién es una amenaza para la seguridad.
Nos venden la meritocracia como un dogma sagrado. Nos dicen que si escribes bien y dominas las mejores prácticas, llegarás lejos. Pero la meritocracia es una mentira piadosa cuando el punto de partida está viciado por el prejuicio social. De nada sirve que mi código sea impecable si mi currículum es descartado por mi código postal o si mi presencia en la sala de juntas incomoda a los directivos.
Es hora de dejar de romantizar la estética del software. El código que resuelve el problema del cliente y mantiene la infraestructura en pie a las tres de la mañana es infinitamente más importante que la vanidad de quien lo escribió.
Mientras la industria siga exigiendo elegancia en las máquinas pero tolerando el clasismo hacia las personas, seguiremos construyendo productos brillantes sobre cimientos podridos.
#Tecnología #DesarrolloDeSoftware #Inclusión #SesgoInconsciente #CulturaTech #Meritocracia #Clasismo #Programación #DesarrolloProfesional
Deja tu comentario
Su dirección de correo electrónico no será publicada.
0 Comentarios