¿ De verdad es buena práctica que tu mala gestión afecte el trabajo de los demás?

Tu mala gestión no es un problema sistémico, es un acto de sabotaje.

En el mundo corporativo hemos normalizado una mentira piadosa. Nos repetimos hasta el cansancio que los errores son de todos y que el fracaso es una oportunidad de aprendizaje grupal.

Sin embargo, hay un límite donde la supuesta solidaridad empresarial se convierte en complicidad.

Cuando un responsable de área toma decisiones erróneas, no planifica adecuadamente o ignora los procesos básicos, el impacto nunca se queda en su escritorio. El efecto dominó es implacable.

Los equipos de otras áreas terminan trabajando horas extra, asumiendo cargas injustas y sacrificando su salud mental para cubrir los vacíos de una gestión deficiente.

Y aquí es donde debemos ser brutalmente honestos. Cubrir las deficiencias de un mal gestor no es trabajo en equipo. Es habilitar la negligencia.

El ecosistema empresarial suele proteger a estos perfiles. Se les justifica alegando que el mercado es complejo o que los recursos son limitados. Se les rodea de comités de apoyo y se les da más tiempo para enderezar el rumbo.

Mientras tanto, los profesionales competentes ven cómo sus propios objetivos se desmoronan porque dependen de un eslabón podrido en la cadena de valor.

Asumir que tu falta de capacidad organizativa o tu nula anticipación van a afectar el rendimiento de departamentos enteros no es un simple tropiezo. Es una falta de respeto hacia el tiempo y el esfuerzo de los demás.

La cultura de la responsabilidad compartida se ha convertido en el escudo perfecto para esconder la incompetencia individual.

Si tu gestión genera cuellos de botella, si tus decisiones obligan a otros a apagar incendios que tú mismo provocaste, no estás liderando. Estás saboteando.

Es hora de dejar de romantizar el sufrimiento corporativo y empezar a exigir responsabilidad individual. La mala gestión que contamina el trabajo de los demás debe dejar de ser tolerada. No es un problema de sistema. Es un problema de personas que no deberían estar tomando decisiones.

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