Los candidatos no te mienten, se defienden de tu ego
En las últimas semanas me ha tocado liderar varias entrevistas y he detectado un patrón que debería encender todas las alarmas del mercado. Las personas llegan predispuestas. Escanean tu ritmo, tus términos y cualquier indicador útil para adaptar su discurso. No te están mostrando quiénes son, te están dando exactamente lo que creen que necesitas escuchar.
¿Por qué ocurre esto? Porque el mercado está saturado de egos. Seamos honestos, hay mucho imbécil haciendo entrevistas. Perdón por el término, pero no se me ocurre otro mejor para describir a quienes no respetan al que tienen enfrente. Profesionales que humillan, que no respetan el horario de la cita, que hacen preguntas fuera de contexto, que discriminan o que simplemente usan el encuentro para demostrar que saben más que el candidato.
Ayer, al terminar una sesión, un chico me dijo algo que me hizo reflexionar. Me confesó que nunca había participado en una entrevista así, en un formato donde se sintió súper cómodo.
¿Qué hago yo? Simplemente mantener una conversación con un guion súper sencillo:
- Me presento.
- Le pido a la persona que hable de sí mismo más allá de lo profesional. Si es casado, soltero, qué hobbies tiene, con quién vive. Lo que desee contar para conocerlo un poco más y lograr que se relaje. Generalmente digo algo ridículo para romper el hielo y nos riamos un poco, eso ayuda mucho.
- Vamos a lo técnico. Su trayectoria profesional, qué lenguajes maneja, qué frameworks usa y qué cosas ha construido.
- Suelto alguna pregunta técnica tramposa. Pero a esta altura, en general, la persona ya está bastante relajada.
Le pregunto si tiene dudas sobre el rol o algo que nos quiera consultar. - Agradezco y me comprometo a dar una respuesta con una fecha exacta. La certeza es el mínimo respeto.
Todo esto sin pruebas técnicas rebuscadas sacadas de la inteligencia artificial. Sin patrones rígidos de manuales de recursos humanos. Sin filtros de sistemas ATS. Sin inteligencia artificial evaluando perfiles.
Si tratas a los candidatos como números en una base de datos, te darán respuestas de robot. Si los tratas como humanos, te darán su mejor versión. La próxima vez que te quejes de que los candidatos no son auténticos, mírate al espejo.
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