Puntuales para cobrarte, fantasmas para cumplirte: el proveedor que aprendimos a normalizar

Hay un perfil de proveedor que todos conocemos. Que todos hemos sufrido. Y que, por alguna razón, seguimos contratando como si fuera inevitable.

Ese proveedor que te vende un servicio “premium”, te cotiza un 40% por encima del mercado, te promete entregas que no van a llegar, y el día que toca facturar… ahí sí. Ahí aparece puntual, con sonrisa, con el correo de cobranza redactado a las 7:02 de la mañana.

Pero cuando necesitas una respuesta, un avance, una mínima señal de que están trabajando en lo tuyo: silencio. Excusas. “Estamos en eso.” “La próxima semana, seguro.” “Fue un tema del equipo, ya lo resolvemos.”

Y nunca lo resuelven.

El diccionario latinoamericano del que te estafa con factura

Lo fascinante es que en cada país le pusimos un nombre distinto, como si el idioma necesitara protegerse de esa figura:

En Argentina le dicen chanta, patrañero. En Perú, chanta, vivo, chanchero. En México, vivales, charlatán. En Colombia, muñequero, viveza. En Venezuela, buzo. En Chile, vende humo. En Ecuador, vivo. En casi todo el continente, timo con RUC, con RFC, con NIT, con CUIT.

El nombre cambia. El modus operandi es idéntico.

Lo que realmente duele no es el incumplimiento. Es el precio.

Porque al proveedor que te falla y cobra barato, al menos lo entiendes. Pagaste poco, esperabas poco.

Pero el que te cobra tarifa de consultora internacional, te habla de “metodología ágil”, te presenta un deck de 40 slides en la reunión comercial, y luego te entrega un documento reciclado tres semanas tarde… ese no es un proveedor. Es un modelo de negocio basado en tu paciencia.

Y lo peor: sabe que no lo vas a cambiar. Porque ya pagaste. Porque el contrato tiene letra chica. Porque cambiar de proveedor “implica un proceso”. Porque total, “ya está avanzado”.

¿Por qué lo toleramos?

Porque confundimos precio con seriedad. Porque un proveedor caro nos hace sentir que estamos haciendo las cosas bien, que nuestra empresa “invierte en calidad”. Porque denunciar que nos estafaron suena a que fuimos ingenuos. Y en el mundo corporativo, nadie quiere parecer ingenuo.

Así que renovamos el contrato. Pagamos la factura. Sonreímos en la reunión de seguimiento. Y por dentro sabemos perfectamente lo que está pasando.

Lo que propongo es simple (y antipático)

Dejar de llamar “socio estratégico” al que te miente con cronograma.

Dejar de justificar con “es que el mercado está difícil” al que te cobra el triple por entregarte la mitad.

Dejar de renovar por inercia.

Nombrar las cosas. Si te venden humo, es humo. Si te cobran por un servicio que no reciben, eso tiene un nombre en todos los países de este continente. Y no es “gestión comercial”. Es estafa con membrete.

El proveedor que te respeta no necesita que le ruegues por un avance. No te deja en visto. No te cobra por adelantado para desaparecer. No necesita un discurso de 20 minutos para explicar por qué no entregó.

Y si tu empresa sigue contratando a ese perfil por “relación comercial” o por “no generar conflicto”, el problema ya no es el proveedor.

El problema es el estándar que decidiste aceptar.

¿Te ha pasado? ¿Cuánto tiempo tardaste en cortar con un proveedor así? Te leo en comentarios.

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