Me da lo mismo tu propuesta de la nasa si no tienes entregables concretos ni plazos definidos
Estamos viviendo la era de la vanidad tecnológica. Cada semana, los directorios de las empresas son bombardeados con presentaciones deslumbrantes. Prometen arquitecturas de otro mundo, soluciones que parecen sacadas de la NASA y una adopción inmediata de las últimas tendencias globales. El problema es que la inmensa mayoría de esas propuestas son puro humo.
La mayoría de estos proyectos no nacen de un diagnóstico profundo de las necesidades del negocio. Nacen de la urgencia del profesional de turno por demostrar que está a la vanguardia. Se enamoran de la tecnología y se olvidan de la empresa. Quieren vender el futuro, pero no saben cómo operar el presente.
En ese éxtasis de innovación, siempre se les olvida la fría matemática del entorno corporativo. Alguien tiene que pagar la factura inicial. Alguien debe asumir el costo de la licencia, la infraestructura y, sobre todo, el mantenimiento a largo plazo. Proponer un cohete espacial es muy fácil cuando no te toca pagar el combustible ni limpiar la rampa de lanzamiento.
Hace un tiempo, en una sala de juntas tensa, un director general interrumpió una de estas presentaciones magistrales. Miró a los consultores y les lanzó una pregunta que congeló el lugar. Les preguntó si, al basar la estrategia en la última tendencia del mercado solo para verse modernos, ¿qué pasaría mañana cuando saliera algo nuevo? ¿Tendrían que tirar todo a la basura y rehacerlo todo? El silencio que siguió fue lapidario. La innovación sin estrategia de obsolescencia y sin anclaje al negocio no es una inversión, es un gasto disfrazado de progreso.
Es momento de dejar de aplaudir las ocurrencias tecnológicas. La próxima vez que alguien te hable de transformar la compañía con una solución de última generación, exige lo básico. Exige entregables concretos. Exige plazos definidos.
Exige un plan de mantenimiento y un retorno de inversión medible. Si no tienen eso, que guarden sus diapositivas.
El negocio no necesita más turistas de la innovación, necesita socios que sepan aterrizar la nave.
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