Consultores con buen hablamiento pero carentes de criterio técnico

Llevo meses evaluando perfiles de consultoría y he detectado un patrón que debería encender todas las alarmas del sector. No estamos contratando expertos. Estamos contratando diccionarios ambulantes.

En las entrevistas, el despliegue es impecable. Los candidatos dominan la terminología de moda, recitan las mejores prácticas de los últimos marcos de trabajo y mencionan las metodologías más vanguardistas del mercado. La fluidez es tal que cualquiera juraría que tiene delante al profesional definitivo para salvar la operación.

Pero entonces llega la prueba de fuego. Basta con hacer una pregunta directa sobre los obstáculos reales que han enfrentado. Aquí es donde el castillo de naipes se desmorona. En lugar de narrar cómo desarticularon un cuello de botella crítico o cómo rediseñaron un proceso fallido para potenciar el negocio, la respuesta se disuelve en falacias, lugares comunes y palabras rimbombantes.

El problema de fondo no es la falta de conocimiento teórico. El problema es la ausencia total de criterio técnico. No hay rastro de esa capacidad analítica necesaria para diagnosticar un problema complejo, sopesar variables y ejecutar una solución que mejore la operación. Buscamos a alguien que haya entendido las entrañas del negocio, y lo que encontramos son teóricos de la presentación corporativa.

Es hora de dejar de premiar la oratoria y empezar a auditar el pensamiento crítico. Si nuestros procesos de selección siguen validando el dominio del léxico por encima de la resolución real de conflictos, el mercado se llenará de vendedores de humo con currículos muy atractivos.

La próxima vez que evalúes a un candidato, no le preguntes qué herramientas conoce. Pregúntale qué hizo cuando ninguna herramienta sirvió.

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