Cuando trabajar en equipo significa hacerlo todo tú y firmar que te lideraron
Sonríe si te suena familiar. Lamentablemente, en las grandes corporaciones esto es el pan de cada día. Te toca ejecutar un proyecto crítico. Pides apoyo. Recibes respuestas corteses, algún documento adjunto y mucho copia oculta. El esfuerzo real recae sobre tus hombros. Las noches sin dormir son tuyas. Los ajustes de última hora los haces tú.
Luego llega la reunión de seguimiento. Ahí ocurre la magia. Esos colegas que brillaron por su ausencia en la trinchera aparecen en la sala con diapositivas impecables. Hablan de cómo te lideraron. Explican cómo su colaboración fue vital. Lo venden con tal seguridad que hasta los directivos aplauden su compromiso. Te miran y esperan tu asentimiento.
Tú te quedas en silencio. Si hablas, pareces egoísta o conflictivo. Si callas, validas la narrativa. Es un juego de percepciones donde el mérito se desliga del esfuerzo y se ata a la visibilidad. No se trata de reconocer el valor de la gestión, sino de apropiarse del resultado ajeno con elegancia corporativa.
Esto no es liderazgo. Es oportunismo disfrazado de sinergia. La cultura organizacional permite que esto suceda porque premia la narrativa sobre la ejecución. Mientras unos sudan la camiseta, otros perfeccionan el arte de firmar lo que no escribieron. El daño va más allá del ego. Desmotiva al talento real. Crea un entorno donde importa más quién cuenta la historia que quién la construye.
¿Hasta cuándo permitiremos que la narrativa opaque el esfuerzo real? El verdadero trabajo en equipo requiere transparencia, no guiones ensayados para la reunión mensual. Reconocer quién hizo qué no es conflicto, es justicia profesional. La confianza se erosiona cuando los créditos se distribuyen según la jerarquía y no según la contribución.
La próxima vez que veas a alguien reclamando autoría sobre un esfuerzo que no le corresponde, recuerda que el éxito construido sobre espejos se rompe fácil. Pero mientras tanto, sigue trabajando. Documenta todo. Protege tu legado. Porque al final del día, los resultados sostenibles no mienten, aunque algunos intenten vestirse con ellos.
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