
Farmeando aura: el arte de ser visible sin ser útil
Cada día observo un fenómeno creciente en los pasillos y salas de reuniones. Personas que dominan a la perfección el arte de farmear aura. En teoría cumplen con su horario. En teoría son piezas clave del engranaje. Pero si rascamos un poco la superficie, la ilusión se desmorona.
Me atrevo a afirmar que en las grandes corporaciones, al menos un 15% de la plantilla no debería estar ahí. No es un insulto gratuito, es una observación fría. Sus cargos tienen cero impacto real o, simplemente, carecen de las competencias mínimas para la función. Sin embargo, siguen cobrando su sueldo a fin de mes. ¿Cómo lo sobreviven?
La respuesta es sencilla: farmeando aura. Se trata de una estrategia de supervivencia corporativa basada puramente en la percepción. Son los reyes de la simpatía calculada y la política de oficina. Tienen un olfato perfecto para aparecer en las fotografías de los anuncios importantes. Nunca faltan a los asados de fin de año con la directiva. Sonríen en el momento exacto, asienten en las reuniones donde no han propuesto ni una sola idea y se aseguran de que su nombre suene en los pasillos.
Mientras los verdaderos motores de la empresa queman sus noches resolviendo crisis reales, los cazadores de aura se llevan los aplausos por liderar la iniciativa. El sistema no solo los tolera, a menudo los premia. La meritocracia ha sido secuestrada por la mercadotecnia personal.
Las organizaciones se están llenando de fantasmas con tarjeta de presentación. El día que la crisis golpee la puerta, la simpatía no pagará las facturas ni las fotos con el director general salvarán los números rojos.
Y tú, en tu día a día, ¿farmeas aura o realmente eres útil en tu trabajo?
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