Líderes de PowerPoint: la epidemia corporativa que nadie quiere frenar

Cuantos más años acumulo en el entorno corporativo, más reuniones observo y más historias de alumnos leo. Y en todas ellas, el denominador común es escalofriante.

Estamos rodeados de líderes de diapositiva. De esos perfiles de manual, obsesionados con las buenas prácticas y los marcos teóricos. Cuando están frente a una pantalla, todo brilla. Los números cuadran, las proyecciones son impecables y la estrategia parece infalible. Pero si cruzas la puerta de la sala de juntas y entras a la trinchera, te encuentras con un caos digno de guion cinematográfico.

El mercado está saturado de estos arquitectos de la ilusión. Y lo más grave no es que existan, sino que el sistema los premia. Hoy es infinitamente más fácil escalar siendo un excelente vendedor de humo que un verdadero líder de ejecución.

Hemos olvidado cómo es el liderazgo real. Ese que requiere ensuciarse las manos junto al equipo. Ese que implica dar la cara y absorber el golpe cuando los resultados no llegan. Ese que, cuando el éxito por fin se materializa, da un paso al costado para que el crédito sea íntegro para quienes sudaron la camiseta.

Seguimos diseñando procesos de promoción basados en quién habla más bonito en el comité directivo, no en quién sostiene al equipo cuando todo se desmorona. Estamos premiando la estética del liderazgo y castigando el desgaste de la ejecución.

Mientras sigamos midiendo a los directivos por el brillo de sus presentaciones y no por la salud de sus trincheras, seguiremos perdiendo talento. Es hora de dejar de aplaudir las diapositivas perfectas y empezar a exigir coherencia en el barro.

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