Me tocó explicarle a alguien el por qué no creo en las vuenas praktikas
Puse la falta de ortografía a propósito para graficar el ejemplo.
Recientemente tuve que justificar por qué me niego a seguir al pie de la letra eso que el mercado llama buenas prácticas. Y no, la negativa no nace de la ignorancia ni de la flojera. Nace de estar cansado de ver arquitecturas enteras colapsar bajo el peso de su propia perfección teórica.
Hoy la tecnología se ha transformado en una religión. Existe una ideologización absoluta del desarrollo. Los equipos se aferran a patrones de diseño, arquitecturas limpias o tendencias de moda no porque el problema lo requiera, sino porque un gurú lo escribió en un manual de moda. Se juega a cumplir con el dogma.
El resultado es un paisaje que roza lo bizarro. Vemos soluciones sobreingenierizadas, carentes del más mínimo sentido común, pero blindadas por la teoría. Se implementan capas de abstracción infinitas para un sistema que tendrá cincuenta usuarios al mes. Se fragmenta la lógica en decenas de servicios distribuidos solo para justificar un diagrama que quede elegante en una presentación. El criterio técnico ha sido secuestrado por la validación de los libros.
La operación real, esa donde los servidores fallan, donde los presupuestos son limitados y donde los plazos apremian, no lee manuales sagrados. La trinchera exige pragmatismo, no purismo. Cuando aplicas una regla de oro sin entender el contexto, la supuesta buena práctica se convierte en la peor decisión de ingeniería posible.
Es hora de dejar de tratar las metodologías como textos religiosos. La excelencia no reside en copiar la arquitectura de las grandes corporaciones, sino en tener la valentía de adaptar la solución al problema exacto que se tiene enfrente.
Menos dogma. Más trinchera.
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