Necesitas aprender a orinar de cabeza

Si alguien te pidiera que orinaras de cabeza, lo calificarías como un absurdo físico. Sin embargo, eso es exactamente lo que se les exige hoy a miles de profesionales durante los procesos de selección. No de forma literal, claro. Pero el efecto en la práctica es idéntico: se pide lo imposible, se mide lo irrelevante y se descarta a quien demuestra que la gravedad sigue existiendo.

Las convocatorias actuales ya no buscan candidatos. Buscan currículums que parecen salidos de un ejercicio de ficción. Piden cinco años de experiencia en un framework que lleva dieciocho meses en el mercado. Exigen dominio nativo de tres lenguajes, arquitectura en la nube, diseño de producto y liderazgo de equipos para un rol de ejecución individual. Diseñan pruebas técnicas que requieren resolver problemas de optimización algorítmica bajo presión cronometrada, cuando el trabajo real se limita a integrar servicios externos y mantener una base de código legacy. Y luego, los responsables de contratación se preguntan por qué las vacantes permanecen abiertas durante meses.

La consecuencia es matemática. Los procesos se estiran porque cada filtro elimina a alguien válido por un tecnicismo que no afecta el desempeño diario. Las pruebas se multiplican para cubrir vacíos de incertidumbre que nunca se resolverán con más exámenes. Los profesionales con capacidad real abandonan el circuito antes de la tercera ronda, no por falta de interés, sino por agotamiento ante un sistema que confunde resistencia al absurdo con competencia técnica. Las empresas acumulan posiciones vacantes mientras el mercado reorienta su talento hacia organizaciones que miden resultados, no piruetas.

Contratar no debería funcionar como un circuito de obstáculos. Debería ser un ejercicio de alineación pragmática. Si un proceso exige que el candidato demuestre dominio de escenarios que nunca enfrentará en su primer año, el desajuste no está en la persona. Está en el diseño de la evaluación. La eficiencia de un proceso de selección no se mide por la cantidad de etapas superadas, sino por la precisión con la que se identifica capacidad aplicable, criterio profesional y disposición para resolver lo que el puesto realmente demanda.

La próxima vez que redactes una vacante, definas una prueba técnica o autorices una ronda adicional de entrevistas, hazte una pregunta directa: ¿estás midiendo competencia o simplemente filtrando por tolerancia a lo innecesario? Los equipos que entregan valor no se construyen con personas que aprueban exámenes imposibles. Se construyen con profesionales capaces de ejecutar lo esencial, sin tener que demostrar que dominan leyes que la física, y el mercado, ya demostraron ser inviables.

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