No sé, pero cuando hablo de mi trabajo me apasiono, porque amo lo que hago

Cuando hablo de mi trabajo, me apasiono. Me apasiono tanto que a veces meto la pata de la forma más tonta posible.

Me ha pasado varias veces: intento explicarle a las áreas comerciales lo que acabo de construir. Arranco con todo. Y a los dos minutos veo esas miradas. Esa ternura. Esa sonrisa de “qué lindo habla, pero será que al menos él se entiende”.

Y sí, es culpa mía. Es un error táctico mío. Porque ellos manejan un lenguaje que yo no domino, un conocimiento de cliente, de mercado, de cierre, que a mí me queda grande. Y en lugar de adaptar mi vocabulario desde el minuto uno, me lanzo a hablar de endpoints como si estuviéramos en una code review.

Con los años he aprendido a ajustar. A traducir. A bajar tres escalones antes de abrir la boca.

Pero les voy a decir algo que no suelo decir en voz alta: hay reuniones donde no traduzco nada. Y las amo.

Las reuniones con mi equipo técnico. Esas donde discutimos si la estrategia de Cookie HTTP Only es la correcta, cómo generamos los embeddings sin perder rendimiento, cómo desplegamos de forma más eficiente, qué vulnerabilidades estamos dejando abiertas y cómo las cerramos antes de que alguien más las encuentre.

En esas conversaciones el olor a pasión me brota por los poros. Literal podría estar todo el día. No me canso. No me aburro. No finjo interés.

Y sí, es irónico. A esta edad uno empieza a valorar cosas que a los veinte le habrían parecido un castigo. Antes mi conversación era cuál era la próxima rumba, cómo habíamos ganado la pelea de turno, quién buscaba a quién para la siguiente fiesta. Y estaba bien. Era mi momento.

Pero hoy mi rumba es otra. Mi pelea es otra. Y no la cambio.

Quizá para algunos esto suena tonto. Un tipo emocionado porque su equipo debatió treinta minutos sobre una estrategia de despliegue. Un tipo que admite que se equivoca al hablar con quienes no comparten su jerga. Un tipo que escribe esto un martes cualquiera en vez de publicar un logro, una certificación, un “me complace anunciar”.

Pero para mí no es tonto. Para mí esto es todo lo que he construido. Y todo lo que pretendo construir en la segunda etapa de mi vida.

No vengo a venderles una metodología. No vengo a darles cinco tips de comunicación efectiva. Vengo a decir que amo lo que hago, que a veces lo comunico mal, y que no me da vergüenza ninguna de las dos cosas.

Si eso no encaja en el molde de lo que “debería” publicar un profesional en esta red, también está bien.

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