Programar fuera de moda es la nueva ventaja competitiva

Hace unas semanas decidí echar un vistazo serio al estado actual del mercado laboral en tecnología. No con la intención de quejarme, sino con la humildad de quien sabe que, sin importar cuánto haya aprendido, siempre hay una brecha entre lo que uno domina y lo que el mercado exige.

Al revisar ofertas de trabajo, formatos de entrevistas técnicas y pruebas de código, me sorprendió —y a la vez me tranquilizó— descubrir que estoy bastante lejos de lo que hoy se considera “estándar”. No me siento ni fracasado ni rechazado. Por el contrario, lo veo como una señal clara: es hora de reorientar el esfuerzo, no de rendirse ante la corriente.

He pasado los últimos años construyendo con Laravel. No por nostalgia, ni por resistencia al cambio, sino porque sigue siendo, a mi juicio, uno de los frameworks más sólidos, productivos y maduros del ecosistema backend. Tiene ORM elegante, herramientas de testing intuitivas, una comunidad robusta y una filosofía de desarrollo que prioriza la claridad sobre la novedad. Y sin embargo, cada vez que abro una oferta de empleo, me encuentro con la misma fórmula: “experiencia en React, Node.js, TypeScript y frameworks modernos”.

Nada en contra de JavaScript. Es un lenguaje poderoso, versátil y ha evolucionado de forma impresionante. Pero hay un problema sistémico en cómo se ha construido su narrativa en torno al desarrollo web: se ha convertido en el único camino visible, como si fuera la única forma legítima de programar. Lo demás —PHP, Java, C#, Go, Python en backend tradicional— parece relegado a “legado” o “tecnologías del pasado”, cuando en realidad sustentan buena parte de la infraestructura digital que usamos a diario.

Esta sobreexposición del ecosistema JavaScript ha generado una ilusión colectiva: que quien no esté en ese tren está desactualizado. Pero la realidad es más compleja. Muchas empresas que gritan “full stack en JavaScript” terminan con sistemas frágiles, mal testeados y difíciles de mantener, porque la velocidad de adopción ha superado la madurez del uso. Mientras tanto, en silencio, equipos enteros siguen entregando software escalable, seguro y performante con herramientas que no aparecen en los trending topics de GitHub.

Y aquí viene lo interesante: esa misma invisibilidad se está convirtiendo en una ventaja estratégica. Mientras todos compiten por los mismos perfiles frontend o full stack JavaScript, hay una demanda creciente —y poco ruidosa— de profesionales que dominen tecnologías más estables, con mayor profundidad en arquitectura, testing, bases de datos y patrones de diseño. Solo que esas ofertas no se publican con tanto bombo, porque quienes las necesitan ya saben quiénes son los candidatos ideales… y están dispuestos a pagar bien por ellos.

Esto no es una defensa del aislamiento tecnológico. Todo lo contrario. Creo firmemente en aprender lo que el mercado pide, pero no a ciegas, sino con criterio. Estudiar React o Vue no debería ser una obligación impuesta por la moda, sino una decisión técnica fundamentada. Y lo mismo aplica al mantenerse en Laravel, Spring o .NET: no es por terquedad, sino porque resuelven problemas reales con elegancia y eficiencia.

Además, hay un sesgo peligroso en cómo se mide el “valor” de un desarrollador hoy. Se valora más la cantidad de frameworks que uno ha probado que la profundidad con la que domina uno solo. Se premia el cambio constante sobre la fidelidad técnica. Pero en la industria real —esa que no vive en redes sociales— lo que importa es entregar software que funcione, que sea mantenible y que resuelva el problema del cliente. No quién usó la última librería de la semana.

Por eso, en lugar de sentirme fuera de lugar, he decidido ver esta distancia como una oportunidad. Si en cinco años hay escasez de buenos ingenieros en tecnologías “menos populares”, eso significará que quienes apostamos por ellas tendremos un nicho de alto valor. No será fácil, claro. Requiere resistir el ruido, invertir en formación continua y, sobre todo, confiar en que la solidez técnica siempre termina ganando terreno.

Así que sí, estoy lejos de lo que hoy pide el mercado ruidoso. Pero quizás, justamente por eso, estoy más cerca de lo que el mercado real necesita.

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