Qué terribe es tener que estar detrás de la gente como niños diciéndoles que hagan su trabajo
La gran paradoja corporativa: auditores implacables de su nómina, espectadores de su responsabilidad
Hay una escena que se repite a diario en las grandes empresas. No es un misterio, es una rutina agotadora. Consiste en perseguir a adultos profesionalmente formados para que ejecuten las tareas por las cuales reciben una remuneración.
En las organizaciones de gran tamaño, este patrón se ha vuelto casi endémico. Es muy común ver cómo ciertos equipos, especialmente aquellos de perfil técnico, levantan murallas burocráticas para no avanzar. El argumento es siempre el mismo. Están desbordados de trabajo, el proceso debe formalizarlo otra área, la solicitud requiere el visto bueno de un tercero o simplemente el ticket no está en su cola de atención. La inacción se disfraza de rigor metodológico.
Sin embargo, la narrativa cambia radicalmente cuando se trata de defender sus propios intereses. En lo que respecta a cobrar su salario, exigir la puntualidad en los pagos, reclamar beneficios o marcar su hora exacta de entrada y salida, la proactividad es digna de admiración. La agilidad que no existe para resolver un problema de negocio aparece mágicamente para auditar la nómina.
Aquí es donde la lógica corporativa se quiebra. Exigimos un nivel de madurez y autonomía para liderar proyectos complejos, pero toleramos que esas mismas personas necesiten ser supervisadas como si estuvieran en el patio de un colegio para cumplir con sus obligaciones básicas. Se reclama experiencia, se exige respeto por la antigüedad, pero se opera con la mentalidad de quien solo hace lo mínimo indispensable para evitar un llamado de atención.
El problema no es la carga de trabajo. El problema es la asimetría. Mientras sigamos normalizando que el compromiso con los objetivos sea opcional pero el cobro del sueldo sea innegociable, seguiremos perdiendo el tiempo persiguiendo a quienes deberían estar remando en la misma dirección. La excelencia no se negocia, se demuestra. Y la responsabilidad no es un accesorio del cargo, es el cargo mismo.
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