Si hay mas crítica que dirección, el problema no eres tú
Recientemente conversaba con un colega que sobrevive en una multinacional europea. Su líder, una ingeniera con excelentes referencias de su anterior empleo, ha instaurado una dinámica letal. Las reuniones son tribunales donde se exigen resultados sin ofrecer ninguna brújula. La crítica abierta es el pan de cada día y la última palabra siempre, sin excepción, debe ser la suya.
Cuando el equipo logra un hito, el mérito es de su brillante gestión. Cuando el proyecto fracasa, la culpa recae sobre la supuesta incompetencia de sus subordinados, a quienes no duda en denostar. El colmo de esta dinámica ocurrió cuando, ante la frustración del equipo, les exigió tomar unos cursos que ella misma había realizado. La justificación fue demoledora: debían adaptarse a su forma de pensar para poder entenderla.
Lo más grave no es su comportamiento, sino la complicidad del ecosistema. Los directivos la adoran. ¿Cómo no hacerlo si en cada reporte ella se dibuja a sí misma como la salvadora de la empresa? Mientras la narrativa corporativa se alimenta de este heroísmo ficticio, el rendimiento real del equipo se desploma. Mi colega no renuncia porque la estabilidad económica en Latinoamérica no permite lujos, atrapado en una jaula de oro oxidado.
Este escenario es el síntoma de una enfermedad terminal en nuestro sector. Estamos inundados de líderes de manual, expertos en ceremonias, metodologías y presentaciones estéticas. Pero cuando llegan las crisis reales, desaparecen y dejan a su gente expuesta a la intemperie. La política de pasillo pesa más que la ejecución técnica.
El mundo corporativo, y la informática en particular, es un territorio hostil. Convivir con las maquinaciones internas es mucho más agotador que resolver los desafíos técnicos del rol. El mercado es rudo, cruel y despiadado. La alta rotación no se debe a la falta de talento, sino a la incapacidad de soportar un entorno que premia la soberbia y castiga la vulnerabilidad.
La industria tecnológica no es para cualquiera, pero tampoco debería ser un mecanismo de supervivencia para los ego inflados. Si en tu entorno la crítica supera a la dirección, no estás fallando. Estás chocando contra un sistema diseñado para proteger al líder equivocado.
¿Cuántos equipos más tendrán que romperse antes de que la directiva deje de aplaudir al falso héroe? Te leo en los comentarios.
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