Una persona puso en su linkedin open to work y fué despedido

Siete años de entrega absoluta. Evaluaciones impecables. Horas extra no solicitadas pero ejecutadas con precisión. Sin embargo, el fin de semana llegó un cambio simple en el perfil profesional. Un marco verde visible para todos. La señal de que alguien está buscando nuevas oportunidades.
El resultado fue inmediato. La reunión el lunes no fue para felicitar. Fue para entregar la caja de cartón. El motivo no fue un error en los números ni un conflicto con el equipo. El motivo fue la transparencia.
Esto nos obliga a mirar la relación laboral sin filtros. Se exige lealtad inquebrantable al empleado. Se espera que camines por el fuego por la empresa. Pero cuando el empleado mira hacia los lados para asegurar su futuro, se le tilda de desleal. Se le castiga con la máxima pena.
Las organizaciones hablan de cultura de confianza. Hablan de puertas abiertas. No obstante, la realidad muestra que la confianza tiene límites estrictos. Puedes trabajar el doble, pero no puedes planear tu salida mientras cobras el cheque. Es una contradicción que pocos se atreven a señalar en voz alta.
Si la empresa puede reestructurar sin aviso previo, ¿por qué el profesional no puede explorar el mercado sin miedo a la represalia? La seguridad laboral es una ilusión del siglo pasado. Hoy la empleabilidad es la única moneda real. Ocultar tu búsqueda es proteger a la empresa, no a ti mismo.
Normalizar la búsqueda activa mientras se está empleado debería ser la norma, no la excepción. Castigar la prudencia profesional envía un mensaje tóxico al resto del equipo. El miedo se instala. La productividad cae. La innovación se detiene porque nadie quiere ser el siguiente en la lista por ser honesto.
No se trata de fomentar la rotación. Se trata de entender que el contrato es comercial, no vitalicio. Si el desempeño es excelente, el estatus en una red social no debería importar. Si importa, entonces el problema nunca fue el cartel verde. El problema era la relación desde el inicio.
La próxima vez que veas ese marco verde, no juzgues. Pregúntate por qué quien lo lleva siente que debe esconderse para sobrevivir. El talento no pide permiso para proteger su carrera.
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